¿Eres mamá y trabajas? Aprovecha la culpa…

¿Te has preguntado qué es la culpa y por qué la sientes?
Y lo más importante… ¿Si tienes que resignarte a vivir con ella?
Te comparto algunos tips para ser una mamá feliz y tener éxito profesional…

En la columna anterior hablamos sobre la importancia de vivir con valentía (que no es más que abrazar tu miedo y avanzar en congruencia contigo) como la única forma de conectar con tu “yo más auténtico”, poder sentirte libre y ser feliz. Desafortunadamente, vivir en congruencia con tu esencia no se dará natural porque estás demasiado influenciado por las expectativas que tienen el ambiente y tus seres queridos sobre ti, pero sí puedes hacer esfuerzos intencionales, conscientes y constantes para trabajar en ello, y disipar esa neblina que se pudo haber creado en tu autoconcepto y autoimagen, por tantos años de complacer a los demás, aunque te traicionaras a ti. Asimismo, en el escrito dimos unas ideas sencillas para que empezaras a trabajar cuanto antes en tu valentía y autenticidad, porque recuerda: ser feliz es tu responsabilidad.

¿Te ha pasado que cuando estás en el trabajo sientes que deberías estar en casa con tus hijos, y que cuando llegas al hogar sientes que te faltó tiempo en la oficina para terminar los pendientes? ¿No encuentras tu lugar, ni cómo organizarte para sentirte satisfecha en ambos lugares? ¿Sientes que no “das el ancho” ni en casa ni en el trabajo? ¿Sientes que algo está mal contigo y que no eres suficiente ni como empleada ni en tu rol como mamá?

Hoy quiero que platiquemos sobre una emoción que todas las mamás que trabajamos, sin excepción, sentimos o hemos sentido… L A C U L P A. Ese “fantasma” que nos persigue por ser mamás y tener aspiraciones profesionales o necesidades laborales (especialmente en las culturas lationamericanas), y que pareciera que estamos condenadas perpetuamente a ella.

Pero ¿qué es realmente la culpa? Es una emoción, y como cualquier otra, sólo es información. Las emociones no son buenas ni malas, sólo son incómodas o placenteras; lo que sí puede ser bueno o malo es el comportamiento asociado a nuestra emoción. Las emociones tienen 3 características, intensidad (el nivel o fuerza con que las sentimos), frecuencia (que tan seguido las sentimos) y duración (por cuánto tiempo las sentimos). Cuando no nos detenemos a entender y atender nuestras emociones, especialmente las incómodas de sentir, pareciera que éstas son fortísimas y permanentes… y algo así es lo que nos pasa con la culpa a la mayoría de las mamás que trabajamos.

Yo estuve ahí, hace 8 años, cuando nació mi primer hijo, sé bien cómo se siente, y, a decir verdad, me tomó bastante trabajo personal llegar a las conclusiones que aquí te comparto. La culpa es una emoción de autocastigo, que aparece cuando sentimos que hemos roto un valor personal y nos penalizamos por ello; caemos en un círculo vicioso en el que nos oxidamos cada vez más y no vemos salida. En el cuerpo, la culpa se siente como pesadez y nos impulsa a cerrarnos a conectar con los demás. La culpa se concentra en el pasado.

En contraste, el remordimiento, también es una emoción que surge cuando siento que he roto un valor que para mí es importante, pero me invita a la reflexión, a reconocer mi participación, a subsanar y a corregir el rumbo hacia adelante. Desde mi punto de vista, las 2 diferencias principales entre culpa y remordimiento son que el remordimiento ve al futuro y que considera la esperanza en mí, que surge de la autoestima. Por ello te invito a que hablemos de remordimiento, en lugar de culpa.

¿De dónde viene ese remordimiento? ¿Qué nos quiere decir esa emoción incómoda? ¿Cuál puede ser ese valor personal que sentimos que hemos roto? ¿Para qué nos sirve? Aquí te dejo algunas ideas que pueden resonar

contigo, en especial si creciste en un hogar en dónde tu madre hacía labores no remuneradas en el hogar, o si su actividad económica era vista como un pasatiempo:

  • Tienes la creencia de que tu lugar está en la casa o de que tu familia es la prioridad por encima de ti misma.
  • Crees que tus sueños o ambiciones profesionales pueden esperar, al final, el hombre debe proveer el hogar y la mujer encargarse de hacer o coordinar las tareas domésticas y el bienestar de la familia. Si tengo un negocio o un trabajo es una mera afición.
  • Estás teniendo una sobrecarga de trabajo que te ha hecho perder balance como ser integral, y tienes olvidadas otras áreas que también son importantes para ti, como tus relaciones, cuidado personal, espiritualidad, pasatiempos o intereses particulares, etc.
  • Percibes el rol de madre con un ingrediente indispensable de víctima, es decir, crees que una “buena madre” vive desde el sacrificio (generando un crédito emocional enorme que luego cobrarás).
  • Necesitas ser necesitada. Crees que tus hijos no estarán tan bien con nadie más.
  • Construiste tu identidad con base en la maternidad, aunque sabes que ser madre es el único trabajo en el que desde el día uno te preparas para tu inevitable “jubilación”. Desde mi punto de vista, el éxito de una madre se mide en la preparación que da a sus hijos para que no la necesiten.
  • Resuenas con el síndrome de la mujer maravilla: “Yo puedo con todo”. Entonces me hago la vida difícil para demostrar mis súper poderes al mundo.
  • Consideras que tu valor como mujer y mamá va en función de qué tan buena acompañante seas de tu pareja y tus hijos, y de lo que ellos logren. Te percibes como un satélite de tus hijos y pareja. La realidad es que todas esas ideas son juicios, es decir, opiniones que se viven como verdades. Lo grave de ello es que esos juicios o creencias son las que nos ayudan a percibir el mundo, tomar decisiones y construir nuestra realidad. La buena noticia es que SIEMPRE podemos cuestionarlas, ajustarlas o rediseñarlas para construir una vida con mayor bienestar de acuerdo con nuestras circunstancias actuales. Así que te invito a que te preguntes: ¿Cuál es el valor que siento que he roto al ser una madre trabajadora? Una vez identificado, pregúntate: ¿De dónde viene esa creencia? Y lo más importante, ¿Qué me quiere decir esta emoción de remordimiento? Entender tu historia y mirarla con compasión contribuye a liberarte de juicios limitantes y a hacer ajustes. Esas creencias han cumplido una misión, y han participado en que seas la maravillosa persona que eres hoy, pero probablemente quieras elegir que ya no sean parte de tu vida porque te limitan, o también puedes caer en cuenta de que hay ajustes importantes que hacer en la organización del tiempo, en la priorización de actividades, en marcar límites sanos, etc. Escucha a tu culpa o remordimiento, atiende y verás como se disipa… La realidad es que cómo te sientes afecta cómo se siente tu familia. Cuando mamá no está feliz, nadie en la familia está feliz. Por más que trates de disimular tu insatisfacción, tu remordimiento o tu frustración, los miembros de tu familia y de tu equipo de trabajo lo perciben, y el ambiente tanto en casa, como en la oficina, se tensa. Adicionalmente, puede haber implicaciones en tu salud física o en la calidad de tus relaciones. Entonces podemos concluir que la felicidad de mamá no es un lujo, es una necesidad. Probablemente, en la desesperación, hayas pensado en que no se puede ser mamá y construir un hogar armónico, amoroso y funcional mientras persigues tus sueños o ambiciones profesionales. Al menos, a mí, sí me pasó esa idea por la mente hace 8 años. Pero cuando estaba a punto de tomar la decisión de traicionarme y renunciar a mis sueños en pro de lo que creía era el bien de mi familia, me entraron dudas… aparecían los escenarios de inestabilidad financiera, de los cambios que se vendrían en mi relación de pareja al depender económicamente de mi esposo, de qué pasaría con mi identidad cuando mis hijos dejaran el nido… no quería repetir patrones que había observado en algunas familias a mi alrededor, etc. Y fue ahí cuando me di a la tarea de explorar opciones y de trabajar incansablemente para construir una realidad suficientemente buena (no perfecta) que me permitiera sentirme contenta con mi rol como mamá al tiempo que perseguía mis aspiraciones

profesionales. Hoy sé que sí puedes tenerlo todo, refiriéndome a ser mamá en una familia amorosa, funcional y feliz, y trabajar en lo que te apasiona. ¿Es fácil? Absolutamente no. ¿Por qué? Porque debes estar dispuesta a salir de tu zona conocida, a tomar decisiones complicadas, ir haciendo ajustes que te vayan ayudando a construir esa realidad que anhelas poco a poco, y no sólo a renunciar a los aplausos de los demás, sino a aguantar críticas de colegas bastante seguido. Recuerda que elegir es renunciar.

En mi caso, trabajaba 12 horas al día, en ocasiones llegaba a casa cuando mi hijo ya estaba dormido… me sentía incongruente al decir que él era mi prioridad en la vida, y, por otro lado, había días que no lo veía… Analicé mi remordimiento, y lo que quería decirme era que requería balance urgentemente. Por ello, decidí que en el corto plazo renunciaría a mi carrera corporativa de más de 10 años, me apreté el cinturón financieramente para ahorrar más, e hice una estrategia de salida. Asimismo, tuvimos que rediseñar la dinámica familiar, lo que trajo descontrol en el ambiente y la relación de pareja… En fin, son decisiones difíciles en las que hay precios que pagar, pero que retribuyen enormes beneficios en el largo plazo. Me detuve a atender y entender qué me quería decir mi remordimiento, y fui actuando en consecuencia… Hoy siento que luchar por mis sueños es un magnífico regalo para mis hijos, porque les estoy enseñando, con ejemplo, a que luchen por los suyos.

Es importante decir que cuando hablamos de balance, necesitamos discutir el concepto de “fórmula personal de felicidad” (hablamos a detalle de este concepto en una columna anterior) porque lo que me ayuda a construir bienestar de largo plazo a mí, no necesariamente funciona para ti, o lo que te hacía construir felicidad hace 20 años, no necesariamente es efectivo hoy. De ahí que sea importante saber que la fórmula personal de la felicidad debe irse ajustando de manera consciente en las distintas etapas de la vida, y que nadie más puede diseñarla por ti.

Finalmente, ¿Cómo hacemos para volver posible eso que parece imposible? ¿Será posible que pueda transformar esta culpa que me carcome día a día, en florecimiento y bienestar para mi familia y para mí? Primero me gustaría compartirte una frase de Peter Sage: “Las personas nunca se elevarán por encima de la opinión que tienen de sí mismas”. Creer en ti es clave para poder lograrlo.

Segundo, te enlisto 8 ideas que pueden ayudarte en este camino:

  1. Date permiso de ser humana: tu naturaleza humana implica que sientas todo el rango de emociones, las que te gustan y las que te incomodan. Recuerda aprovecharlas todas, preguntándote ¿Para qué estoy sintiendo esto?…
  2. No estás sola: saber que el 99% de las mamás latinoamericanas que trabajamos sentimos culpa puede ayudarte a sentirte cómoda pidiendo ayuda o compartiendo tu situación con alguien en quien confíes.
  3. Siempre hay algo que funciona: en ocasiones es complicado reconocerlo porque nuestra negatividad o desesperación lo hace difícil, pero si observas con atención, seguro lo identificarás… apaláncate de ello.
  4. Busca tu tribu: construir una red de apoyo y tener identificados tus recursos es sumamente útil cuando aparecen las adversidades, la incertidumbre o las malas rachas.
  5. Cuéntate historias que te sumen: cómo puedes narrarte tus historias de manera conveniente, siendo el protagonista de tu vida, agradeciendo, honrando tu camino, y engrandeciendo tu “yo auténtico”. Recuerda que no importa que los eventos sean parte del pasado, SIEMPRE puedes contártelos diferente, alimentar tu optimismo y crecer tu resiliencia.
  6. Renuncia al perfecto y abraza el “suficientemente bueno”: una vez identificado tu escenario ideal, define el suficientemente bueno. Ese escenario que te libera de la asfixia y el sentimiento de insuficiencia, y que te impulsa a esforzarte y mejorar, simultáneamente.
  7. Conecta con tu propósito: Honestamente, ¿Cuál es ese gran “para qué” atrás de mi decisión de trabajar?
  8. Haz un plan, ejecútalo por 30 días y evalúa: en caso de que hayas identificado que tu remordimiento te avisa de la necesidad de hacer ajustes en tu dinámica de vida actual, elabora un plan por escrito y lleva una bitácora de registro de la ejecución, después evalúa su eficacia y decide si continúas el esfuerzo o

corriges. Recuerda integrar los cambios en la rutina, ya que no es suficiente contar con la información y estar convencida del beneficio que traerá dicho hábito a tu vida para lograr una verdadera transformación. La acción es indispensable.

Estudios revelan que las hijas de madres trabajadoras muestras mayores probabilidades de éxito laboral, de promociones y de tener equipos de trabajo a su cargo, mientras que los hijos de madres trabajadoras muestran mayor involucramiento en la crianza. Asimismo, muestran que el 42% de las mujeres que laboran se sienten más efectivas en su trabajo por ser madres.

Espero sinceramente que al haber entendido a la emoción de la culpa y que al saberte y sentirte responsable de construir tu felicidad, te decidas a empezar a trabajar hoy por y para ti.

Puedes obtener más herramientas para profundizar en tu trabajo personal escuchando mi podcast Valentinamente Feliz, en cualquiera de las principales plataformas de audio. Asimismo, puedes contactarme en mis redes sociales Instagram, Facebook y Youtube como Valentinamente Feliz y en mi página de internet www.valentinamentefeliz.com

Si crees que esta información es valiosa y puede servirle a alguien, sé generoso y compártela. Gracias por leerme y compartir conmigo lo más valioso que tienes, tu tiempo. ¡Hasta pronto! Recuerda que ser feliz es tu responsabilidad.

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